El último periódico salió de la prensa. Las preguntas se quedaron.
El Nuevo Día y Primera Hora dejaron de imprimirse, pero el impacto va mucho más allá de dos periódicos. Repasamos lo que GFR Media explicó, lo que documentó su última edición y las preguntas que permanecen sobre trabajadores, porteadores, distribución, periódicos regionales y el futuro de una infraestructura que durante décadas puso las noticias en las manos de Puerto Rico.
ACTUALIDAD & OPINIÓN
9/28/20269 min leer


Karaya Boricua <karayaboricua@gmail.com>
3:33 PM (0 minutes ago)
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El último periódico salió de la prensa. Las preguntas se quedaron.
Hoy, 27 de septiembre de 2026, El Nuevo Día imprimió su último periódico.
No desapareció El Nuevo Día. No terminó el periodismo de GFR Media. Mañana sus periodistas seguirán trabajando, sus noticias seguirán publicándose y el periódico continuará existiendo en otras plataformas.
Lo que terminó fue algo mucho más específico y, a la vez, mucho más grande de lo que parece: la operación que durante décadas convirtió noticias en papel y las puso físicamente en las manos de Puerto Rico.
El Nuevo Día dedicó buena parte de su última edición a explicar por qué.
También dedicó páginas a recordar lo que fue.
Fotografió la prensa, a sus trabajadores, los enormes rollos de papel, las últimas jornadas de producción, los porteadores y los lectores. Recuperó portadas históricas. Publicó testimonios de suscriptores. Marcas e instituciones que durante años compraron espacio en sus páginas prepararon anuncios especiales para despedirse del formato impreso.
Es una edición extraordinaria como documento histórico.
Pero cuando se termina de leer, quedan preguntas.
Y algunas son importantes.
Lo que sí sabemos
El 21 de septiembre, GFR Media anunció que El Nuevo Día y Primera Hora pasarían a operar exclusivamente en formato digital a partir del lunes 28 de septiembre. Primera Hora publicó su último ejemplar impreso el jueves 24. El Nuevo Día lo hizo hoy, domingo 27.
La empresa ha explicado la decisión como la culminación de una transformación que llevaba años desarrollándose.
Las audiencias cambiaron.
La publicidad cambió.
La manera de consumir información cambió.
Y los números que El Nuevo Día decidió publicar en su edición final permiten ver parte de esa transformación: 26,000 suscriptores impresos frente a 27,500 suscriptores prémium digitales. Según el propio periódico, es la primera vez que los suscriptores digitales superan a los del producto impreso.
Su alcance digital, sostiene GFR, es mucho mayor: millones de usuarios llegan ahora a su contenido mediante la página web, aplicaciones, redes sociales, videos, podcasts y otras plataformas.
Rafael Lama Bonilla, principal oficial ejecutivo de GFR Media, plantea en una columna publicada precisamente en esta última edición que la responsabilidad de la empresa es mantener un modelo viable que permita continuar haciendo periodismo.
Hay además una realidad que sería demasiado cómodo ignorar: los lectores también cambiamos.
Una de las columnas de esta última edición lo plantea desde el título: “Los consumidores nos fuimos primero”.
Muchos podemos sentir nostalgia por el periódico impreso mientras reconocemos que hace años dejamos de comprarlo diariamente.
Hasta ahí, la explicación es bastante clara.
Pero la historia no termina ahí.
20,411 mañanas
El Nuevo Día contó que esta fue la mañana número 20,411 en que salió impreso.
Durante 56 años, aquello requirió mucho más que periodistas escribiendo noticias.
Había que producir físicamente el periódico.
Había prensistas, mecánicos, técnicos y personal de producción. Había enormes rollos de papel. Había tinta. Había una maquinaria capaz de producir miles de ejemplares.
Y después de imprimirlo había que moverlo.
Del área de producción salían ejemplares que tenían que ser organizados, despachados, transportados y distribuidos. Había personas encargadas de llevarlos hacia distintos puntos de Puerto Rico. Había porteadores, vendedores y otras personas que completaban el último tramo hasta que aquel periódico terminaba en una casa, una tienda, una intersección o en las manos de un lector.
No todos necesariamente tenían la misma relación laboral con GFR Media.
Y esa distinción importa.
Históricamente, El Nuevo Día utilizó modelos de distribución que incluían agentes o contratistas independientes y porteadores vinculados a estos. Más recientemente, GFR también ha reclutado personal temporal y a tiempo parcial para determinadas funciones de distribución.
Por eso todavía no podemos afirmar quién era empleado regular, quién pertenecía a la unidad sindical, quién trabajaba mediante algún contrato y quién dependía indirectamente de la circulación del periódico.
Lo que sí sabemos es que cuando desaparece el ejemplar físico, desaparece también la necesidad de una parte importante de esa cadena.
Y ahí aparece otro grupo del que todavía sabemos muy poco.
¿Qué ocurre con quienes transportaban los periódicos hacia los municipios?
¿Qué ocurre con los porteadores que realizaban las rutas?
¿Eran empleados, contratistas independientes o existían distintos modelos según la ruta y la región?
¿Cuántas personas obtenían ingresos de esa distribución sin aparecer necesariamente dentro de la cifra de empleados afectados por GFR?
¿La cifra de más de 150 personas divulgada por la unión los incluye a todos o solamente a determinados trabajadores?
Todavía no lo sabemos.
El Nuevo Día decidió fotografiar buena parte de esa cadena antes de que desapareciera.
Una de las imágenes muestra los ejemplares colocados bajo llave antes de ser recogidos para distribución.
El periódico la acompañó con una frase sencilla:
“Una imagen que pronto será memoria.”
En otra página aparece Bismarck Casanova nuevamente a cargo de una ruta en Puerto Nuevo durante las últimas entregas.
También aparece Pedro Luis Burgos, de 85 años, quien, según relata el periódico, esperó durante más de 50 años que el periódico llegara a su hogar.
Una niña de diez años aparece leyéndolo con una taza de chocolate caliente.
No son solamente fotografías bonitas para una edición coimemorativa.
Juntas documentan cómo funcionaba un sistema que dejó de funcionar hoy.
Los trabajadores que aparecen en las fotografías
Aquí la historia se vuelve menos ceremonial.
La United Steelworkers Local 6135 representa trabajadores unionados de GFR Media. Tras el anuncio del cierre de lao operación impresa, la unión estimó que más de 150 trabajadores serían afectados y sostuvo que conoció la decisión el mismo día en que fue comunicada por la empresa a los empleados.
Yaphet Torres, representante internacional de United Steelworkers, declaró posteriormente que la unión no había recibido notificación previa de la decisión y sostuvo que los trabajadores afectados no serían reubicados en las plataformas digitales. Esa es la versión ofrecida públicamente por la representación sindical.
Pero hoy surgió un detalle que merece ser documentado con cuidado.
Karaya Boricua conversó directamente con una persona que trabajaba en la operación de prensa de GFR Media y pertenecía a la unión.
Según explicó, hasta hoy no había recibido una carta oficial de cesantía.
Relató que aproximadamente una semana antes los trabajadores fueron reunidos y se les informó que se dejaría de imprimir.
Eso es lo que esta persona nos dijo.
No tenemos su carta de cesantía porque, según asegura, no la ha recibido. Tampoco tenemos el convenio colectivo vigente entre GFR Media y la Local 6135 para determinar qué procedimiento corresponde bajo sus disposiciones.
Por eso no corresponde llenar esos espacios con suposiciones.
Corresponde hacer preguntas.
¿Cuál es, exactamente, la situación laboral de los trabajadores de la prensa después de esta última impresión?
¿Cuándo termina formalmente su relación de empleo?
¿Qué comunicaciones escritas recibirán?
¿Qué establece el convenio colectivo sobre una reducción de personal de esta naturaleza?
¿Cuántos trabajadores finalmente perderán sus empleos?
La cifra de más de 150 ha sido ofrecida por la representación sindical y repetida ampliamente en la cobertura del cierre. Cuando Associated Press informó originalmente la decisión, señaló que GFR no había especificado cuántas personas perderían sus empleos.
Esa diferencia importa.
Una cifra atribuida a la unión no debe convertirse, por repetición, en una cifra oficialmente confirmada por la empresa.
Y tampoco sabemos todavía si esa cifra captura a todas las personas que obtenían ingresos de la existencia del periódico físico, particularmente aquellas cuya relación pudiera ser contractual o indirecta.
La prensa no imprimía solamente El Nuevo Día
Esta es otra parte de la historia que puede perderse si miramos únicamente las dos cabeceras de GFR.
La maquinaria de Guaynabo también prestaba servicios de impresión a publicaciones que no pertenecen a GFR Media.
Periódicos regionales dependían de esa infraestructura.
La representación sindical ha hablado de más de una decena de publicaciones afectadas. Otros reportes también han documentado que periódicos regionales tuvieron que buscar alternativas de impresión ante el cese del servicio.
Durante los últimos días, Karaya Boricua comenzó a revisar las propias ediciones de esos periódicos.
Y encontramos algo interesante.
No están escribiendo un obituario al papel.
Están buscando cómo seguir imprimiendo.
El Oriental publicó una página completa con un mensaje difícil de interpretar de otra manera:
“Ni se acaba la tinta y mucho menos el papel. Seguimos.”
Y añadió:
“Hay regional pa' rato.”
El Expresso aseguró a sus lectores que seguirá circulando todas las semanas como de costumbre.
Presencia comunicó a lectores y anunciantes que su proceso de impresión cambiaría y que había conseguido otra imprenta rotativa disponible.
Metro Puerto Rico, cuya edición del 3 de septiembre identificaba expresamente a GFR Media en Guaynabo como su impresor, publicó esta semana:
“Metro Puerto Rico sigue aquí y no se quita.”
No todos los regionales han explicado públicamente cómo resolverán la transición. Algunos no han dicho nada en sus páginas.
Por eso todavía no sabemos cómo quedará el mapa final de la prensa impresa en Puerto Rico.
Lo estamos documentando.
¿Y qué ocurrirá con la prensa?
Literalmente con la prensa.
La maquinaria.
Las instalaciones.
La infraestructura que durante décadas imprimió El Nuevo Día, Primera Hora y publicaciones de otros propietarios.
En la edición final podemos verla.
Podemos ver a quienes la operaban.
Podemos conocer su historia.
Pero todavía no conocemos su destino.
¿Será vendida?
¿Permanecerá en las instalaciones?
¿Existe alguna posibilidad de que vuelva a operar bajo otro modelo?
¿Qué ocurrirá con el resto de la infraestructura física vinculada a producción y distribución?
Hasta ahora no tenemos respuestas documentadas para esas preguntas.
Y no vamos a inventarlas.
La despedida ocurrió dentro del propio periódico
Hay otra particularidad que convierte esta edición en algo más que el último ejemplar.
Puerto Rico le respondió al periódico desde sus propias páginas.
Triple-S escribió sobre “la tinta que dejó huella en nuestra historia”.
Lanco declaró: “Puerto Rico cambia de página.”
McDonald's recordó las mañanas compartidas entre café, desayuno y noticias.
La Universidad Ana G. Méndez escribió que esta etapa “forma parte de la memoria puertorriqueña” y construyó su anuncio utilizando reproducciones de páginas antiguas.
Medalla hizo algo particularmente ingenioso: recordó que su propia historia comenzó ligada a una noticia publicada durante los Juegos Panamericanos de 1979 y cerró mirando hacia “las noticias que están por venir”.
Son anuncios.
Pero hoy también son documentos.
Porque fueron creados para este momento específico y permiten observar cómo algunas empresas e instituciones interpretaron públicamente el final de la edición impresa.
Y ahí está la paradoja
El Nuevo Día utiliza su última edición para explicar por qué el papel dejó de ser el vehículo adecuado para su futuro.
Pero esa misma edición demuestra, página tras página, una de las cualidades que el papel tuvo durante más de medio siglo:
quedarse. Una portada de 1972 nos permite volver a Roberto Clemente. Una de 1987 nos devuelve al incendio del Dupont Plaza.
Otra conserva el huracán María. Otra, los terremotos. Otra, la pandemia.
No porque el papel sea superior a lo digital.
Sino porque fue el soporte sobre el cual quedó registrada buena parte de la historia cotidiana de Puerto Rico durante generaciones.
Ahora ese archivo seguirá construyéndose de otra manera.
Y eso nos lleva a otra conversación que apenas comienza: cómo se preservará la historia que nace digital, quién tendrá acceso a ella dentro de 30, 50 o 100 años y qué ocurrirá con aquello que hoy creemos que estará disponible en internet para siempre.
No estamos escribiendo el final del periódico impreso en Puerto Rico Eso sería incorrecto. El Nuevo Día dejó el papel. Primera Hora dejó el papel. La operación de impresión de GFR Media terminó. Pero otros periódicos continúan imprimiéndose.
Algunos regionales han tenido que moverse rápidamente para conseguir nuevas alternativas. Otros todavía tienen que explicar qué harán. El ecosistema se está reorganizando frente a nosotros. Quizás por eso no deberíamos apresurarnos a ponerle punto final a esta historia.
Hoy sabemos qué dejó de imprimirse. Sabemos cuándo ocurrió. Sabemos cómo GFR explica su decisión. Sabemos lo que la última edición quiso preservar. Sabemos lo que sostiene la unión. Y ahora sabemos, por voz de uno de los trabajadores que estuvo dentro de aquella operación, que al menos en su caso llegó el último día de impresión sin haber recibido todavía una carta oficial de cesantía.
Pero todavía no sabemos cuántas otras personas, fuera de la planta y quizás fuera de la nómina tradicional de GFR, vieron terminar hoy una fuente de trabajo o de ingresos junto con el periódico. Lo demás sigue abierto.
¿Qué pasará con los trabajadores? ¿Qué pasará con los porteadores y con quienes movían los ejemplares hasta los municipios? ¿Qué pasará con aquella prensa? ¿Qué publicaciones regionales conseguirán permanecer en papel y bajo qué condiciones? ¿Qué parte de esta infraestructura sobrevivirá? ¿Y quién conservará, dentro de medio siglo, el archivo de lo que Puerto Rico está viviendo hoy? El último periódico ya salió de la prensa. Las preguntas se quedaron.
Karaya


Karaya Boricua
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